Masahisa Fukase: el fotógrafo que se convirtió en cuervo
Masahisa Fukase nació el 25 de febrero de 1934 en Bifuka, una pequeña localidad de Hokkaido, en el extremo norte de Japón. Creció dentro de una familia para la que la fotografía no era una afición, sino un oficio. Su padre, Sukezō Fukase, dirigía el estudio fotográfico familiar, fundado por generaciones anteriores, y allí el joven Masahisa aprendió desde muy temprano los fundamentos de la cámara, el retrato y el laboratorio.
En 1952 se trasladó a Tokio para estudiar fotografía en la Universidad Nihon. Tras graduarse en 1956 comenzó trabajando como fotógrafo publicitario, pero rápidamente empezó a desarrollar una obra mucho más personal. Durante los años sesenta publicó fotografías en revistas japonesas y comenzó a experimentar con una fotografía que mezclaba autobiografía, humor negro, absurdo y una cierta fascinación por la muerte.
En 1961 presentó su primera exposición individual, Kill the Pig. El proyecto combinaba fotografías realizadas en un matadero con imágenes relacionadas con su propia vida íntima, incluyendo fotografías de su pareja y de un hijo que nació muerto. Desde el principio aparece una característica que acompañaría a Fukase durante toda su trayectoria: la incapacidad de separar completamente la experiencia personal de la fotografía. Para él, fotografiar no era simplemente observar el mundo, sino convertir su propia existencia en materia fotográfica.

En 1963 conoció a Yoko Wanibe y ambos se casaron en 1964. Yoko se convertiría en una de las figuras fundamentales de su obra. Fukase la fotografió obsesivamente durante años, convirtiendo la relación matrimonial en una especie de laboratorio visual en el que amor, intimidad, deseo, dependencia y separación terminaron mezclándose.
En 1971 apareció su primer gran fotolibro, Yūgi, también conocido como Homo Ludence. Publicado por Chūōkōron-sha, el libro reúne imágenes relacionadas con su vida íntima y con Yoko y puede considerarse uno de los primeros grandes ejemplos de la manera en que Fukase transformaría su propia vida en una obra fotográfica.
Ese mismo año comenzó también uno de sus proyectos más importantes y prolongados: Family. Fukase regresaba regularmente desde Tokio hasta Bifuka y utilizaba el estudio fotográfico de sus padres para realizar retratos de su familia. Lo que inicialmente podía parecer un juego fotográfico terminó convirtiéndose en una crónica de casi dos décadas. Los miembros de la familia cambian, envejecen, desaparecen y mueren delante de la cámara. El propio Fukase aparece progresivamente dentro de estas imágenes, convirtiendo el retrato familiar en una reflexión sobre el paso del tiempo y la desaparición.
En 1974 su trabajo alcanzó una repercusión internacional cuando fue incluido en la exposición New Japanese Photography del Museum of Modern Art de Nueva York. La muestra, organizada por John Szarkowski y Shōji Yamagishi, presentó al público occidental una nueva generación de fotógrafos japoneses y situó a Fukase junto a algunos de los nombres fundamentales de la fotografía japonesa de posguerra.
Pero mientras su reconocimiento artístico aumentaba, su matrimonio se deterioraba. Fukase y Yoko se divorciaron en 1976. Poco después comenzó uno de los capítulos decisivos de su carrera.
Yoko
En 1978 publicó Yōko, editado por Asahi Sonorama. El libro funciona como una especie de continuación y, al mismo tiempo, como una despedida de la relación. Yoko aparece fotografiada en distintos momentos y lugares, pero la intimidad que encontramos en las imágenes está atravesada por la distancia y la pérdida.

Una de las fotografías más conocidas del libro muestra a Yoko detrás de un cristal roto. La imagen resume perfectamente la transformación de la relación: la persona que durante años había sido el centro de la mirada de Fukase aparece ahora separada de él por una superficie fragmentada.
El mismo año publicó también Viva! Sasuke y Sasuke!! My Dear Cat, dedicados a sus gatos. Más tarde aparecería The Strawhat Cat. Los animales fueron para Fukase mucho más que un tema secundario: le permitieron explorar el juego, el afecto y el absurdo desde una perspectiva diferente a sus trabajos autobiográficos.

Y entonces aparecieron los cuervos
En 1975, durante un viaje en tren desde Tokio hacia Hokkaido, Fukase comenzó a fotografiar cuervos. Aquellas primeras imágenes acabarían convirtiéndose en el proyecto que definiría su nombre dentro de la historia de la fotografía.
Durante los siguientes diez años siguió fotografiándolos en estaciones, ciudades, carreteras, paisajes nevados y costas de Hokkaido. Los cuervos aparecen como manchas negras contra cielos grises, árboles desnudos, nieve, cables eléctricos y paisajes casi deshabitados.

Pero no se trataba realmente de un estudio sobre aves.
Fukase empezó a identificarse con ellas. Después del divorcio de Yoko, los cuervos se convirtieron progresivamente en una proyección de su propio estado emocional: soledad, aislamiento, deseo, pérdida y una sensación de estar apartado del mundo. En 1982 llegó incluso a escribir que se había convertido en un cuervo.
El proyecto incorporó además una dimensión experimental. Fukase fotografió los cuervos tanto en blanco y negro como en color, incluyendo una serie de Polaroids realizada en 1985 conocida como Raven Scenes.

En 1986 apareció finalmente Karasu, publicado por Sōkyūsha en Tokio. En Occidente sería conocido como Ravens o The Solitude of Ravens. El libro se convirtió rápidamente en una de las obras fundamentales de la fotografía japonesa de posguerra.
Karasu no es un libro documental sobre cuervos. Es prácticamente un autorretrato disfrazado. Fukase utiliza el paisaje, los animales y la oscuridad para hablar de sí mismo. Los cuervos son su doble.
Y quizá por eso el título inglés The Solitude of Ravens resulta tan poderoso: la verdadera protagonista del libro no es el cuervo, sino la soledad.
Family y Memories of Father
Mientras desarrollaba Ravens, Fukase continuó regresando a Bifuka y fotografiando a su familia.
El proyecto Family se desarrolló entre 1971 y 1989. Durante esos años el estudio familiar se convirtió en un escenario teatral donde los miembros de la familia aparecían una y otra vez frente a la cámara. Lo que al principio podía parecer una especie de juego absurdo se fue transformando progresivamente en una meditación sobre el envejecimiento y la desaparición.
En 1985 Fukase retomó el proyecto después de diez años. Para entonces su padre había envejecido considerablemente. En 1987 Sukezō murió. Fukase continuó fotografiando las consecuencias de aquella pérdida y en 1988 presentó Memories of Father.
En 1989 el estudio fotográfico de la familia cerró definitivamente y la familia se dispersó. El lugar que había servido como escenario para casi veinte años de fotografías dejó de existir.
En 1991 aparecieron dos libros fundamentales: Family y Memories of Father. Family sería, según los archivos de la obra de Fukase, su último fotolibro publicado durante su vida. El libro reúne 31 retratos realizados cronológicamente en el estudio familiar y se convierte, en retrospectiva, en una especie de monumento a una familia que ya estaba desapareciendo.
Los últimos años: Private Scenes
A comienzos de los años noventa Fukase volvió su cámara cada vez más hacia sí mismo.
Private Scenes, Hibi y Berobero muestran a un Fukase diferente: caminando por Tokio, entrando en bares, fotografiándose, experimentando con su propio cuerpo y jugando con la cámara. Ya no parece interesado en establecer una frontera clara entre fotógrafo, sujeto y mundo.
En Bukubuku realizó una serie de autorretratos performativos dentro de su bañera. En Hibi fotografió obsesivamente calles, superficies, señales y fragmentos de la ciudad. En Private Scenes convirtió sus propios desplazamientos cotidianos en una especie de diario visual.
En febrero de 1992 presentó Private Scenes '92 en el Ginza Nikon Salon y recibió ese mismo año el Special Prize de los Higashikawa Photography Awards.
Pero pocos meses después, el 20 de junio de 1992, ocurrió la tragedia que acabaría definitivamente con su carrera.
Fukase cayó por las escaleras de su bar habitual y sufrió una lesión cerebral gravísima. Sobrevivió, pero quedó con daños permanentes que le impidieron volver a desarrollar una vida independiente. Pasaría los siguientes veinte años en una residencia asistida.
Murió el 9 de junio de 2012, a los 78 años.
Tenía 78 años y llevaba dos décadas sin poder volver a trabajar como fotógrafo.





Comentarios