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Mike Brodie. Riding the Rails Across America

hace 7 días
5 min de lectura

La historia que desemboca en A Period of Juvenile Prosperity es bastante más interesante que la idea simplificada de “un fotógrafo que decidió recorrer Estados Unidos en tren”. Mike Brodie no inició el viaje como un proyecto fotográfico. Primero apareció la necesidad de moverse y desaparecer de la vida convencional; la fotografía llegó después, casi accidentalmente. Y esa diferencia explica buena parte de la fuerza del libro.

Hay cierta confusión en las fuentes sobre la fecha exacta de su primer viaje, pero el propio relato biográfico de Brodie y Twin Palms sitúan el comienzo cuando tenía unos 17 años, en Pensacola, Florida. Su intención era bastante modesta: quería llegar hasta Mobile, Alabama, para visitar a un amigo. No sabía prácticamente nada sobre viajar clandestinamente en trenes de mercancías. Se acercó a las vías con una mochila y muy poca comida, subió a un freight train y descubrió demasiado tarde que iba exactamente en la dirección contraria. En lugar de llevarlo hacia el oeste, a Mobile, atravesó Florida hacia Jacksonville. Días después consiguió regresar también en tren. Ese viaje absurdo, que terminó prácticamente en el mismo lugar donde había comenzado, fue el detonante de todo lo que vino después.

A partir de entonces empezó a recorrer Estados Unidos utilizando básicamente cualquier medio que no requiriera dinero: trenes de mercancías, autostop y largas caminatas. No seguía un itinerario turístico ni pretendía completar una ruta determinada. La propia red ferroviaria condicionaba el movimiento. Durante esos años atravesó 46 estados y se suele estimar que recorrió unos 80.000 kilómetros, viajando en más de 170 trenes de mercancías.

Pero hay que separar dos etapas porque son fundamentales para entender sus trabajos.

La primera corresponde aproximadamente a 2004–2006. Poco después de comenzar a viajar encontró una cámara Polaroid olvidada detrás del asiento de un coche. Brodie no tenía ninguna formación fotográfica y aparentemente tampoco grandes aspiraciones artísticas. Simplemente empezó a fotografiar aquello que estaba viviendo a modo de diaria visual. Esas imágenes Polaroid terminarían convirtiéndose en otro cuerpo de trabajo, asociado inicialmente a Tones of Dirt and Bone y posteriormente revisitado en Polaroid Kid.

Brodie comenzó además a subir fotografías a Internet y adoptó el pseudonimo de “The Polaroid Kidd”, que incluso escribía en vagones y paredes durante sus desplazamientos. Su fotografía empezó así a circular online mucho antes de que Twin Palms publicara A Period of Juvenile Prosperity.

Cuando dejó de disponer de la película Polaroid que utilizaba, cambió de formato. Empezó a trabajar con una Nikon F3 de 35 mm y película color. Ahí comienza propiamente el cuerpo de imágenes que terminaría convirtiéndose en A Period of Juvenile Prosperity, realizado aproximadamente entre 2006 y 2009.

Y aquí está probablemente lo más importante del proyecto: Brodie formaba parte de la historia que estaba contando. Él era uno de ellos, y los pintorescos "train hoppers" de sus fotografias, eran sus amigos y compañeros de viaje.

Vivían en los mismos trenes, dormían en los mismos lugares, se ensuciaban de la misma manera, pasaban hambre, esperaban durante horas junto a las vías y compartían las mismas incertidumbres del viaje.

El propio Brodie explicó que conocía prácticamente a todos los que aparecen en sus fotografías; varias de las mujeres del libro habían sido novias suyas y algunos de los hombres eran sus mejores amigos.

Este factor cambia completamente la naturaleza de las imágenes.

No estamos ante un fotógrafo documental que descubre una comunidad de train hoppers y obtiene permiso para fotografiarla. La cámara está dentro de la experiencia. Muchas fotografías tienen esa extraordinaria proximidad porque las personas no parecen estar siendo observadas por un extraño. Brodie forma parte del grupo.

La comunidad que aparece en el libro estaba compuesta principalmente por jóvenes que vivían de manera itinerante: train hoppers, punks, vagabundos, squatters, fugitivos y personas que simplemente habían decidido apartarse temporalmente de la vida convencional. Algunos viajaban durante temporadas y después regresaban; otros habían convertido el desplazamiento permanente en su forma de vida.

Y viajar de esta manera tenía muy poco que ver con la visión romántica del ferrocarril.

Había largos periodos de espera junto a las vías, noches durmiendo al aire libre, suciedad constante, ropa deteriorada, heridas, frío, calor, hambre y una absoluta incertidumbre sobre dónde se terminaría al día siguiente. Los trenes de mercancías no estaban diseñados para pasajeros y viajar clandestinamente en ellos era además peligroso e ilegal.

Precisamente por eso A Period of Juvenile Prosperity funciona tan bien: Brodie no elimina esa dureza, pero tampoco convierte a sus compañeros en víctimas.

Sus fotografías muestran cuerpos sucios, pies destrozados, ropa cubierta de grasa, vagones, tatuajes, heridas y lugares abandonados, pero junto a todo ello aparecen amistad, enamoramiento, sexo, juventud, aburrimiento, humor, ternura y una sensación extraordinariamente intensa de libertad.

El viaje era también una manera de experimentar Estados Unidos desde una geografía completamente diferente.

Brodie no atravesaba el país siguiendo autopistas, aeropuertos, hoteles o centros urbanos. Su mapa era la infraestructura ferroviaria: playas de clasificación, vías secundarias, puentes, zonas industriales, periferias, descampados y los enormes espacios existentes entre ciudades. Estados Unidos aparece en sus fotografías desde su estructura logística, desde una especie de reverso del paisaje americano.

Y por eso existe inevitablemente una conexión con la tradición del road trip estadounidense, aunque el mecanismo sea distinto.

Robert Frank recorrió Estados Unidos en automóvil para The Americans. Stephen Shore utilizó carreteras, moteles y diners. Brodie se desplaza literalmente dentro de la maquinaria industrial que atraviesa el territorio.

Pero probablemente él no estaba pensando demasiado en esa genealogía mientras hacía las fotografías. Era autodidacta y la fotografía surgió como una consecuencia natural del viaje. En una entrevista explicó que tenía una enorme curiosidad por conocer el mundo y que viajar terminó convirtiéndose casi en una adicción. Fotografiar simplemente apareció junto a ello.

Hay otro aspecto fascinante: hizo una cantidad enorme de fotografías. Algunas fuentes vinculadas a exposiciones posteriores hablan de aproximadamente 7.000 imágenes producidas durante esos años. El archivo es por tanto muchísimo mayor que las aproximadamente sesenta fotografías finalmente seleccionadas para el libro.

Hacia 2009 aquella etapa terminó.

Y aquí la historia de Brodie se vuelve todavía más peculiar. En lugar de aprovechar inmediatamente el reconocimiento que empezaba a recibir para construir una carrera artística, prácticamente abandonó la fotografía y el train hopping. Estudió para convertirse en mecánico diésel y durante años trabajó reparando vehículos. Cuando A Period of Juvenile Prosperity apareció como libro, aquella vida que mostraba ya pertenecía esencialmente a su pasado.

Twin Palms publicó finalmente A Period of Juvenile Prosperity en 2013. Es un volumen grande, de 104 páginas, con 60 reproducciones en color. El libro fue inmediatamente reconocido como uno de los Photobooks más importantes de aquel año y fue finalista del Paris Photo–Aperture First PhotoBook Award.

Y el título es perfecto.

“A Period of Juvenile Prosperity” puede traducirse aproximadamente como “un período de prosperidad juvenil”, pero esa prosperidad no es económica. De hecho, prácticamente ninguno de los protagonistas posee nada.

La riqueza a la que alude el título es otra: juventud, tiempo, amistad, movilidad, deseo, cuerpos, enamoramiento y la sensación de que todavía es posible abandonar una vida y comenzar otra simplemente subiéndose a un tren.

Ahí reside para la clave para comprender el libro. No trata realmente sobre trenes.

Tampoco es únicamente un documento sobre los train hoppers estadounidenses.

Es el diario visual de unos pocos años en los que Brodie y sus amigos podían vivir con la impresión de que el tiempo era prácticamente infinito. Sabemos, mirando el libro años después, que aquello inevitablemente terminaría. Ellos envejecen, las parejas se separan, los amigos toman caminos diferentes y Brodie finalmente deja los trenes.

Esa conciencia posterior convierte las fotografías en algo mucho más complejo que imágenes de aventura.

Son fotografías hechas desde dentro de una juventud que todavía no sabe que está desapareciendo.

Y probablemente por eso A Period of Juvenile Prosperity ha envejecido tan bien como photobook. Brodie documentó una subcultura muy concreta de Estados Unidos, pero terminó haciendo algo mucho más universal: un libro sobre ese breve intervalo entre la adolescencia y la vida adulta en el que parece posible vivir sin demasiadas explicaciones, moverse sin destino y pensar que siempre habrá otro tren al que subirse.

 
 
 

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