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Robert Frank y el cambio de paradigma de "The Americans"

Actualizado: hace 1 día

En incontables ocasiones he visto dibujarse una expresión de desconcierto en el rostro de alguien que empieza a dar sus primeros pasos en el apasionante mundo de la fotografía y, por extensión, de los fotolibros.

¿Cómo es posible que esas 83 fotografías, muchas de ellas trepidadas, desenfocadas, subexpuestas y con unos encuadres que parecen desafiar todas las reglas de la fotografía, hayan acabado convirtiéndose en uno de los fotolibros más influyentes de la historia?

Bien, vayamos por partes.


1947


Robert Frank, un joven fotógrafo suizo de 23 años, llega a Estados Unidos en 1947.

Para entonces, Frank ya contaba con una sólida formación fotográfica adquirida en Suiza y había trabajado como fotógrafo en Europa. En Nueva York comenzó a trabajar para revistas y publicaciones de moda, entre ellas Harper's Bazaar. Sin embargo, poco a poco empezó a sentirse incómodo con las limitaciones de la fotografía comercial y editorial.

A mediados de los años cincuenta, Frank buscaba algo diferente. No quería limitarse a producir fotografías atractivas ni a reforzar la imagen de Estados Unidos que las revistas y los medios de comunicación proyectaban en aquella época.

Y es aquí donde aparece una figura fundamental en su trayectoria: Walker Evans.

En ocasiones se ha insinuado que Frank utilizó su relación con Evans para conseguir sus objetivos, pero lo cierto es que la influencia de Walker Evans sobre Frank fue mucho más profunda. No se limitó a facilitarle determinados contactos o recomendaciones. Evans fue una referencia fundamental en su manera de entender la fotografía: como una forma de observación personal, rigurosa y profundamente consciente de la realidad.

Entre otras recomendaciones, la de Evans contribuyó a que Frank obtuviera en 1955 una John Simon Guggenheim Fellowship.

La beca sería decisiva.

Por primera vez, Frank disponía de algo extraordinariamente valioso para un fotógrafo: tiempo y libertad para trabajar sin estar condicionado por las exigencias de un encargo comercial.

Su propuesta consistía esencialmente en recorrer Estados Unidos y realizar un retrato fotográfico de la sociedad estadounidense. No quería limitarse a fotografiar sus grandes monumentos, paisajes o símbolos nacionales. Quería observar cómo vivían realmente los estadounidenses y, sobre todo, qué había detrás de la imagen oficial del país.

Y aquí comienza la verdadera aventura de The Americans.


1955-1956


Frank comenzó a recorrer Estados Unidos en 1955 y continuó trabajando en el proyecto durante aproximadamente dos años. Partió de Nueva York y realizó numerosos desplazamientos hasta emprender un viaje mucho más extenso hacia el Oeste.

Condujo miles de kilómetros, atravesando grandes ciudades, pequeñas poblaciones y zonas rurales. Pasó por lugares como Detroit, Savannah, Miami Beach, Nueva Orleans, Houston, Los Ángeles, Reno, Salt Lake City, Butte y Chicago, entre muchos otros.

Durante el proyecto realizó aproximadamente 27.000 o 28.000 fotografías, dependiendo de la fuente y del método utilizado para contabilizar los negativos. De todo ese inmenso archivo acabaría seleccionando únicamente 83 fotografías.

La proporción es brutalmente pequeña.

Y este dato resulta fundamental para comprender The Americans. No estamos simplemente ante el resultado de un fotógrafo que recorrió Estados Unidos y escogió posteriormente algunas de sus mejores fotografías.

Frank estaba construyendo un libro.

No pretendía demostrar que podía realizar buenas fotografías de manera individual. Lo que estaba intentando construir era una determinada visión de Estados Unidos mediante la relación entre unas imágenes y otras.

El viaje tampoco fue una experiencia especialmente cómoda.

Frank era europeo, judío y extranjero. Su mirada no coincidía con la visión patriótica, optimista y triunfalista de la América de Eisenhower. En algunos lugares del Sur tuvo problemas con las autoridades. En Arkansas llegó a ser detenido y encarcelado durante un tiempo y, en otra ocasión, un sheriff le ordenó abandonar una ciudad.

Estas experiencias reforzaron todavía más su posición de outsider.

Frank no estaba fotografiando Estados Unidos como alguien completamente integrado en la sociedad estadounidense. Lo hacía como un extranjero que había elegido aquel país para vivir, pero que todavía conservaba la distancia necesaria para observarlo desde fuera.

Y esa distancia acabaría convirtiéndose en una de las características esenciales de The Americans.

¿Qué estaba fotografiando realmente?

Aquí encontramos una de las grandes diferencias entre Frank y buena parte de la tradición documental estadounidense anterior.

Estados Unidos estaba viviendo una época de enorme prosperidad económica. Era la América del automóvil, de los electrodomésticos, de las autopistas, de la televisión, de la publicidad, de las familias y del consumo.

La fotografía oficial podía presentar todo aquello como el relato de una sociedad próspera y exitosa.

Frank decidió mirar hacia otro lado.

Fotografió bares, carreteras, estaciones de servicio, restaurantes, automóviles, desfiles, trabajadores, parejas, familias, políticos, ciudadanos anónimos, personas negras y blancas, ricos y pobres, iglesias, cementerios, fiestas, jukeboxes, moteles y espacios aparentemente insignificantes.

Pero lo verdaderamente revolucionario no era solamente lo que fotografiaba.

Era cómo lo fotografiaba.

Sus fotografías aparecían muchas veces desenfocadas.

Utilizaba velocidades de obturación lentas.

Permitía que el grano formara parte de la imagen.

Inclinaba el horizonte.

Cortaba cuerpos.

Fotografiaba desde ángulos inesperados.

No buscaba la perfección técnica.

Y, sobre todo, no explicaba aquello que estaba fotografiando.

En lugar de ofrecer una fotografía documental clara, objetiva y perfectamente compuesta, Frank construía imágenes ambiguas, subjetivas y cargadas de tensión emocional.

La América que Robert Frank vio a través de su cámara era una América de enormes contrastes.

Hay riqueza y pobreza.

Hay libertad y segregación.

Hay entretenimiento y soledad.

Hay patriotismo y alienación.

Hay movimiento constante y, paradójicamente, una enorme sensación de inmovilidad.

El automóvil se convierte prácticamente en un personaje del libro.

La bandera estadounidense también.

Los rostros también.

Y, sobre todo, la soledad.

La estructura del libro comienza a aparecer

Una de las decisiones más importantes de Frank fue organizar las 83 fotografías en cuatro secciones.

Cada sección comienza con una fotografía de la bandera de las barras y estrellas.

La bandera se convierte así en un elemento recurrente que estructura el libro y, al mismo tiempo, introduce una lectura profundamente ambigua del concepto de patriotismo.

A lo largo del libro aparece asociada a diferentes situaciones sociales. No funciona simplemente como un símbolo patriótico positivo. En el universo de Frank puede aparecer junto a multitudes, políticos, espacios vacíos, ciudadanos anónimos o situaciones cargadas de tensión.

El resultado es un retrato de Estados Unidos que nunca ofrece una interpretación cerrada.

Frank no dice: «Estados Unidos es esto».

Hace algo mucho más interesante.

Muestra las fotografías y deja que sea el lector quien establezca las conexiones y extraiga sus propias conclusiones.

La cuestión Guggenheim

En ocasiones, la historia de The Americans se ha contado como si los responsables de la Fundación Guggenheim hubieran quedado escandalizados al contemplar el resultado del proyecto financiado por la beca, hasta el punto de rechazar frontalmente el trabajo.

Sin embargo, conviene ser prudentes con esta versión.

La Fundación Solomon R. Guggenheim tenía entonces su sede en:


The Solomon R. Guggenheim Foundation

120 Broadway

New York 5, N.Y.


Pero, aunque existe abundante documentación sobre la beca concedida a Frank y sobre el desarrollo posterior del proyecto, no parece existir documentación oficial suficiente que permita afirmar categóricamente que se produjo una escena concreta en la que los responsables de la Fundación contemplaron las 83 fotografías y reaccionaron escandalizados ante ellas.

Lo que sí podemos afirmar con bastante seguridad es que Frank encontró enormes dificultades para conseguir que el proyecto fuese publicado en Estados Unidos.

Su trabajo no encajaba con la imagen que buena parte del establishment fotográfico estadounidense esperaba de un libro sobre América.

Y el problema no estaba únicamente en aquello que fotografiaba.

También estaba en la manera de hacerlo.

Para muchos fotógrafos y críticos de la época, aquellas imágenes podían parecer técnicamente deficientes. El desenfoque, el grano, las exposiciones oscuras, los encuadres abruptos y los horizontes inclinados podían interpretarse como errores técnicos en lugar de decisiones estéticas.

Y aquí encontramos una de las grandes ironías de la historia de The Americans.

Frank había recibido financiación de una de las instituciones culturales estadounidenses más importantes para recorrer y fotografiar Estados Unidos. Pero cuando terminó el proyecto, la visión que había producido resultaba demasiado incómoda para buena parte del establishment cultural y fotográfico del país.


1957 Regreso a Nueva York


En 1957, Frank regresó a Nueva York.

Ese mismo año mostró las fotografías a Jack Kerouac, que quedó inmediatamente impresionado por el trabajo. Kerouac terminaría escribiendo la introducción de la futura edición estadounidense.

Pero Frank todavía no consiguió publicar el libro en Estados Unidos.


1958 Robert Delpire y la primera edición de Les Américains


Después de terminar el proyecto, Frank comenzó a pensar seriamente en convertir aquel inmenso archivo fotográfico en un libro.

En junio de 1957 viajó a París llevando consigo una maqueta del proyecto Guggenheim. Allí entró en contacto con Robert Delpire, una de las figuras fundamentales de la edición fotográfica europea.

El encuentro sería decisivo.

Delpire estaba desarrollando la Encyclopédie Essentielle, una colección editorial que combinaba fotografía con textos literarios y ensayos.

Y Delpire entendió algo que los editores estadounidenses aparentemente no estaban viendo.

The Americans no tenía por qué convertirse en un libro fotográfico convencional.

Podía convertirse en una obra editorial en sí misma.

Delpire encontró una solución particular para presentar el trabajo de Frank y, en noviembre de 1958, publicó Les Américains.

La primera edición: Les Américains, 1958

Aquí encontramos la primera publicación del proyecto en forma de libro.

Les Américains fue publicado en París dentro de la Encyclopédie Essentielle y reunía las 83 fotografías seleccionadas por Frank.

El libro tenía 172 páginas.

Y, aunque hoy pueda resultar difícil imaginarlo, el libro que acabaría transformando para siempre la historia del fotolibro todavía estaba lejos de haber encontrado su forma definitiva.

Cubierta frontal de la primera edición de "Les Americains" El responsable de los dibujos un tanto naïf de la cubierta, fue Saul Steinberg, el caricaturista del semanario Neyorkino "New Yorker". Steinberg seria tambien años después junto con Inge Morath responsable de otro gran fotolibro "Masquerade"
Cubierta frontal de la primera edición de "Les Americains" El responsable de los dibujos un tanto naïf de la cubierta, fue Saul Steinberg, el caricaturista del semanario Neyorkino "New Yorker". Steinberg seria tambien años después junto con Inge Morath responsable de otro gran fotolibro "Masquerade"
Cubierta trasera de la primera edición de "Les Americains"
Cubierta trasera de la primera edición de "Les Americains"

Pero existe una diferencia fundamental respecto a lo que hoy entendemos por The Americans.

Las fotografías no aparecían acompañadas por el texto de Jack Kerouac. En su lugar, Delpire y Alain Bosquet construyeron un libro en el que las fotografías de Frank convivían con textos sobre Estados Unidos escritos por diferentes autores.

Entre ellos se encontraban Simone de Beauvoir, Erskine Caldwell, William Faulkner, Henry Miller y John Steinbeck.

Los textos aparecían enfrentados a las fotografías, estableciendo un diálogo constante entre imagen y palabra.

Esto modifica radicalmente la manera de leer el libro.

La edición francesa puede entenderse, en cierto modo, como una interpretación de Estados Unidos construida mediante la confrontación entre literatura, historia, política y fotografía. Las imágenes de Frank funcionan casi como una evidencia visual frente a toda una tradición literaria y cultural que había intentado explicar y definir la sociedad estadounidense.

Y aquí encontramos una de las diferencias fundamentales entre las dos primeras ediciones.

La francesa tiene un carácter mucho más sociológico.

La americana será mucho más poética.

El rechazo en Estados Unidos

Y aquí llegamos a una parte de la historia que a menudo se simplifica demasiado.

No es exactamente cierto que «ningún editor estadounidense quisiera publicar el libro porque todos lo rechazaron». La realidad fue bastante más compleja.

Frank tuvo importantes dificultades para encontrar un editor en Estados Unidos porque su fotografía no encajaba con las expectativas dominantes de la época. Su manera de fotografiar era considerada por algunos como técnicamente deficiente y, sobre todo, la imagen de Estados Unidos que estaba construyendo resultaba incómoda.

La fotografía estadounidense de mediados de los años cincuenta estaba fuertemente influida por una tradición documental en la que la claridad, la composición, la precisión y la calidad técnica ocupaban un lugar fundamental.

Frank parecía desafiar deliberadamente buena parte de esas convenciones.

Y no solo cuestionaba las reglas formales de la fotografía. También estaba mostrando una América muy diferente de la imagen optimista y próspera que predominaba en la cultura estadounidense de aquellos años.

Cuando finalmente el proyecto encontró una vía para ser publicado en Estados Unidos a través de Grove Press, la reacción inicial fue especialmente dura.

Una de las críticas más conocidas apareció en Popular Photography.

Los editores cuestionaron abiertamente la técnica de Frank, describiendo sus fotografías como borrosas, granuladas, mal expuestas y descuidadas. Pero la crítica no se limitaba a cuestiones puramente fotográficas. También cuestionaba la propia visión de Estados Unidos que Frank estaba presentando.

La acusación de fondo era que el fotógrafo ofrecía una imagen excesivamente negativa e injusta del país.

Dicho de otra manera: el problema no era solamente que Frank estuviera fotografiando «mal».

El problema era que estaba fotografiando «mal» a Estados Unidos.


1960 Grove Press y Barney Rosset

La publicación estadounidense fue finalmente asumida por Grove Press, la editorial dirigida por Barney Rosset.

Grove Press era una editorial mucho más abierta a la literatura experimental, la contracultura y aquellos autores y proyectos que podían resultar incómodos para las grandes editoriales convencionales.

Era, por tanto, un contexto mucho más adecuado para el trabajo de Frank.

Pero la edición estadounidense introdujo una transformación editorial radical.

Los textos franceses utilizados por Delpire desaparecieron.

En su lugar apareció una introducción escrita por Jack Kerouac.

Y esto es fundamental.

Kerouac no era un escritor cualquiera.

Era una de las figuras centrales de la Beat Generation y representaba precisamente esa otra América: nómada, inconformista, libre y profundamente alejada de los valores de la cultura dominante.

Frank había conocido a Kerouac en Nueva York en 1957 y le había mostrado sus fotografías. Kerouac quedó profundamente impresionado por el trabajo y terminó escribiendo la introducción de la edición estadounidense.

Su participación transformó el contexto del libro.

Ya no estábamos ante una interpretación sociológica europea de Estados Unidos.

Ahora teníamos la mirada de un fotógrafo extranjero sobre la sociedad estadounidense acompañada por las palabras de uno de los escritores más representativos de la nueva cultura americana.

Y eso cambió por completo la naturaleza del libro.

El problema de las páginas en blanco

Otra de las decisiones editoriales fundamentales fue eliminar los textos que acompañaban a las fotografías en la edición francesa sin sustituirlos por nuevos textos enfrentados a las imágenes.

Las fotografías quedaron así mucho más libres.

El espacio de la página adquirió una importancia enorme y las imágenes comenzaron a relacionarse entre sí de una manera mucho más directa.

También se incorporaron pequeños textos o captions asociados a determinadas fotografías.

El resultado fue mucho más radical.

En la edición de Delpire, las fotografías establecían un diálogo permanente con textos históricos y literarios.

En la edición estadounidense, las fotografías podían enfrentarse prácticamente solas al lector.

La diferencia es enorme.

Y por eso resulta tan interesante comparar físicamente las dos primeras ediciones.

Son dos libros diferentes construidos a partir de las mismas 83 fotografías.

La edición francesa intenta contextualizar y explicar América.

La edición estadounidense permite que Frank la sugiera.

La publicación americana

Aquí encontramos otro detalle bibliográfico especialmente interesante.

Durante mucho tiempo se ha señalado 1959 como el año de publicación de la primera edición estadounidense. La bibliografía tradicional suele situarla en ese año.

Sin embargo, la Robert Frank Foundation indica que, aunque el libro fue preparado con fecha de publicación de 1959, su publicación efectiva no tuvo lugar hasta enero de 1960.

Por eso podemos encontrar ejemplares y referencias bibliográficas catalogados como:

The Americans, New York, Grove Press, 1959.

Y también documentación que sitúa su publicación efectiva en 1960.

Cuando se trata de catalogar un ejemplar concreto, resulta fundamental estudiar sus características bibliográficas y físicas, incluyendo el colofón, la cubierta, la sobrecubierta y los demás elementos que permitan determinar exactamente de qué estado o impresión se trata.

83 fotografías que cambiaron la fotografía

La selección final de 83 fotografías constituye una de las grandes operaciones de edición fotográfica del siglo XX.

Frank había producido alrededor de 27.000 fotografías.

Solo 83 sobrevivieron al proceso de selección.

Pero lo verdaderamente extraordinario no es únicamente la cantidad de imágenes descartadas.

Es la manera en que las 83 fotografías restantes fueron organizadas.

La secuencia es fundamental.

The Americans no es un álbum de fotografías.

Tampoco es simplemente una recopilación de las «mejores imágenes» realizadas durante el viaje.

Es una narración abierta.

Una fotografía modifica la manera en que interpretamos la siguiente.

Un personaje puede encontrar un eco visual en otra imagen.

Una bandera puede transformar el significado de una escena anterior.

Un automóvil puede establecer una conexión entre dos lugares completamente diferentes.

Un rostro que parece alegre en una fotografía puede adquirir una dimensión completamente distinta cuando aparece junto a otra imagen.

Frank comprendió algo que posteriormente se convertiría en fundamental para la historia del photobook:

El significado de una fotografía puede cambiar dependiendo de la fotografía que la precede y de la que aparece después.

Esta concepción de la secuencia tendría una influencia enorme sobre generaciones posteriores de fotógrafos y editores.

De hecho, resulta difícil imaginar buena parte de la historia del fotolibro contemporáneo sin The Americans.

La última fotografía

La secuencia termina con una imagen especialmente significativa: Frank fotografiando a su esposa Mary y a sus hijos dentro de un automóvil.

Es una fotografía íntima que se aleja de la aparente objetividad documental presente en buena parte del resto del libro.

Después de haber recorrido Estados Unidos de costa a costa, Frank termina regresando a su propia familia.

El viaje exterior acaba convirtiéndose en un viaje interior.

Y esto ayuda a comprender por qué The Americans nunca fue simplemente un estudio sociológico de Estados Unidos.

Frank estaba fotografiando un país, pero también estaba fotografiando su propia experiencia como extranjero dentro de ese país.

El libro es, al mismo tiempo, un retrato de Estados Unidos y una especie de autorretrato indirecto de su propio autor.

La recepción inicial: un fracaso

Y aquí encontramos otra de las grandes paradojas de The Americans.

El libro no fue reconocido inmediatamente como la obra maestra que hoy consideramos.

Al contrario.

Su recepción inicial fue bastante negativa.

Las críticas cuestionaron su técnica, sus composiciones y la visión supuestamente negativa que ofrecía del país. Popular Photography fue especialmente dura con el trabajo de Frank.

Las ventas iniciales tampoco fueron especialmente buenas.

The Americans no se convirtió inmediatamente en el fenómeno que conocemos hoy.

La introducción de Kerouac contribuyó a despertar interés en determinados círculos culturales y literarios, pero el reconocimiento generalizado de la obra todavía tardaría algunos años en llegar.

Y quizá sea precisamente esto lo que hace todavía más extraordinaria la historia de The Americans.

Uno de los Photography Books más influyentes de la historia comenzó su trayectoria siendo considerado, por muchos, un libro técnicamente defectuoso, incómodo y difícil de entender.

Con el paso del tiempo, precisamente aquellas características que inicialmente fueron utilizadas para atacarlo terminarían convirtiéndose en algunas de las razones fundamentales de su importancia.

1ª Edición americana de The Americans, Publicada por Grove Press en 1960 pero fechada en 1959.
1ª Edición americana de The Americans, Publicada por Grove Press en 1960 pero fechada en 1959.

Y esto es importante para entender la historia.

The Americans no fue un libro que el mundo reconoció inmediatamente como una obra maestra.

Fue un libro que necesitó tiempo.

La fotografía estaba cambiando.

Y Frank estaba adelantado a ese cambio.

Algunas de las ediciones más buscadas de The Americans
Algunas de las ediciones más buscadas de The Americans

 
 
 

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