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Subway y el magistral uso del color de Bruce Davidson.

El proyecto Subway de Bruce Davidson nació a comienzos de los años ochenta, en un momento en el que el fotógrafo necesitaba volver a encontrar un proyecto personal después de varios años dedicados a trabajos comerciales y de la frustración de un proyecto cinematográfico que finalmente no llegó a realizarse. Davidson comenzó a desplazarse de nuevo por algunos de los barrios de Nueva York que ya había fotografiado y, para llegar hasta ellos, utilizaba constantemente el metro. Poco a poco empezó a comprender que el trayecto no era simplemente una forma de llegar a su destino, sino que el propio metro constituía un extraordinario microcosmos de la ciudad. Allí coincidían personas de procedencias, edades y clases sociales completamente diferentes, encerradas durante unos minutos en el mismo espacio. El metro se convirtió así en el verdadero tema que estaba buscando.

La decisión de trabajar allí no fue sencilla. El sistema de metro de Nueva York de aquellos años tenía una reputación terrible y estaba marcado por la delincuencia, la suciedad, el deterioro y una fuerte sensación de inseguridad. Davidson sabía perfectamente que estaba entrando en un entorno potencialmente peligroso y, además, lo hacía llevando encima cámaras, objetivos y flashes que lo convertían en alguien muy visible. Para prepararse, llegó incluso a cambiar físicamente su rutina. Seguía una dieta, hacía ejercicio y corría por las mañanas, en parte para adquirir la resistencia necesaria para pasar largas jornadas recorriendo estaciones y vagones y en parte para sentirse preparado ante cualquier situación. Su equipo también estaba cuidadosamente organizado. Llevaba cámaras, objetivos, película, flash, mapas, pases y otros pequeños objetos que podían resultarle útiles durante sus largas incursiones por la red.

Al principio Davidson pensó que realizaría el proyecto en blanco y negro, el lenguaje con el que había construido buena parte de su trayectoria. Sin embargo, el propio metro empezó a convencerle de que necesitaba trabajar en color. El graffiti, las paredes pintadas, la ropa de los pasajeros, los anuncios, los vagones y las luces artificiales producían una combinación cromática que el blanco y negro no podía transmitir. El color terminó convirtiéndose en una parte fundamental de la identidad de Subway, especialmente gracias al uso del flash y de películas como Kodachrome. La combinación de una iluminación extremadamente intensa sobre los sujetos y la oscuridad que los rodeaba creó ese aspecto tan característico de las imágenes: rostros y cuerpos que aparecen suspendidos delante de fondos negros, superficies metálicas y enormes manchas de color.

El flash tenía además una función mucho más importante que la puramente técnica. Davidson no intentaba ser invisible. Al contrario, el destello hacía que su presencia se sintiera inmediatamente dentro del vagón. Cada fotografía era una especie de pequeño acontecimiento. El fotógrafo y el sujeto entraban en relación y, en muchas ocasiones, la persona sabía perfectamente que estaba siendo fotografiada. Davidson llevaba incluso consigo un pequeño álbum con fotografías anteriores para poder enseñar a los pasajeros qué estaba haciendo y facilitar que aceptaran ser retratados. Esta manera de trabajar explica por qué muchas imágenes de Subway transmiten una sensación tan intensa de encuentro. No son simplemente fotografías robadas desde el anonimato, sino momentos de contacto entre el fotógrafo y las personas que encontraba.

Durante aproximadamente cinco años Davidson recorrió una parte enorme de la red del metro, observando sus diferentes líneas, estaciones y ambientes. Allí encontró prácticamente todo el espectro humano de Nueva York: trabajadores, adolescentes, parejas, familias, personas sin hogar, músicos, personajes aparentemente peligrosos, mujeres elegantes, niños y miembros de los Guardian Angels, que en aquellos años patrullaban voluntariamente los vagones ante la creciente preocupación por la seguridad. Davidson estaba especialmente fascinado por el graffiti, que veía como una especie de lenguaje secreto que convivía con los pasajeros. En algunas fotografías las personas parecen casi integrarse con las inscripciones de las paredes y los vagones, como si fueran parte de una misma escritura.

Una de las características más importantes del proyecto es precisamente que Davidson nunca quiso convertir el metro únicamente en un escenario de violencia. Aunque la amenaza está presente en muchas imágenes, también aparecen momentos de intimidad, humor, sensualidad, ternura y belleza. Una pareja abrazándose, una persona dormida, una mujer esperando el tren o un grupo de jóvenes pueden adquirir la misma intensidad que una escena aparentemente peligrosa. Davidson descubrió que el metro podía ser oscuro, agresivo y desagradable, pero también extraordinariamente humano. La belleza aparecía precisamente porque estaba rodeada de aquella tensión.

Hay pequeñas historias detrás de algunas fotografías que ayudan a comprender su forma de trabajar. En una ocasión vio a una mujer cuyo vestido se movía con la corriente de aire provocada por el paso de un tren. En lugar de fotografiarla furtivamente, se acercó y le pidió permiso. Ella aceptó y Davidson pudo realizar una de las imágenes que recordaría con especial cariño. Este tipo de situaciones demuestra que, aunque Subway pueda parecer a primera vista un proyecto basado en el riesgo y la confrontación, detrás había una relación muy particular entre fotógrafo y sujeto.

El proyecto terminó convirtiéndose en mucho más que una descripción del metro de Nueva York. También representó una transformación importante en la propia fotografía de Davidson. Después de haber trabajado durante años principalmente en blanco y negro, se enfrentó al color, al flash y a una forma de aproximarse a los sujetos mucho más directa y físicamente intensa. El metro le obligó a abandonar parte de sus certezas y a desarrollar un lenguaje nuevo. El resultado fue un conjunto de imágenes en las que el color, la oscuridad, el movimiento y la presencia humana construyen una visión casi cinematográfica de Nueva York.

La primera edición de Subway fue publicada por Aperture en 1986 y se convirtió rápidamente en uno de los trabajos fundamentales de Davidson. Más adelante aparecerían nuevas ediciones que recuperaron fotografías que no habían formado parte del libro original. Pero el Subway de 1986 sigue teniendo una importancia especial porque representa el momento en que Davidson consiguió condensar varios años de observación, riesgo y encuentros humanos en una secuencia extraordinariamente coherente.

Lo fascinante del proyecto es que todo parece haber surgido de una necesidad bastante sencilla: Davidson necesitaba volver a hacer fotografías que fueran verdaderamente suyas. Para encontrarlas tuvo que bajar al metro, enfrentarse a un lugar que le producía miedo, modificar completamente su forma de trabajar y aprender a mirar Nueva York de otra manera. El resultado no fue simplemente un documento sobre el metro de los años ochenta, sino una de las grandes obras de la fotografía en color del siglo XX, un proyecto en el que una ciudad aparentemente degradada se convierte, a través de la mirada de Davidson, en un escenario lleno de tensión, misterio, violencia, intimidad y belleza.

 
 
 

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